MANIFIESTO CONTRA-ORIGINAL

DAFEN

Pierre Herrera, Dafen: dientes falsos, Fondo Editorial Tierra Adentro, Ciudad de México, 2017.

 

Cada tanto se desencadena un escándalo sobre el plagio. Le sucede un debate más bien mojigato. Lo vimos con el triste caso de Sealtiel Alatriste, con Bryce Echenique, con Javier Sicilia. A veces, la polémica trasciende para instalarse en el plano de la legitimidad política de un gobernante. Tal fue el caso de la tesis de licenciatura de Peña Nieto. El problema con el maniqueísmo de este tipo de discusiones es que no van más allá del señalamiento francotirador desde la superioridad moral. El ejemplo paradigmático: Guillermo Sheridan. En su momento, Vivian Abenshushan y Luigi Amara intentaron demostrar que la cuestión es mucho más compleja. Y con la publicación de Dafen: dientes falsos, de Pierre Herrera (Morelia, 1988), el problema puede retomarse a través de un libro temática y formalmente propositivo.

El texto examina la relación entre creación y copia mediante un caso: el de Dafen, una villa en Shenzhen, China, lugar que genera más reproducciones artísticas en el mundo. Y gracias a una sucesión brillante de fragmentos discontinuos, la voz ensayística explora las implicaciones estéticas y políticas de reconocer que la cultura por definición es plagio.

Harold Bloom en La angustia de las influencias, ya sostenía que todo escritor es un acumulador que se apropia del material de sus antecesores. “Pero no se consigue nada sin pagar un precio, y la apropiación implica las inmensas angustias de sentirse deudor”. A esta carga inmensa se suma “El gran cansancio de llagar tarde” a la fiesta de la novedad y de la originalidad creadora; idea que Herrera expresa también casi al final de su ensayo, pero sin pesadumbre o melancolía, casi de forma impersonal y sólo descriptiva: “Todo fue hecho ya; llegamos tarde.”

Dafen: dientes falsos reitera de forma obsesiva una idea: nada es en realidad original. Y a lo largo del texto, se cuestiona el mandato de la originalidad creadora como condición para el artista, cuando se trata en realidad de una cuestión jurídica y comercial. Al mercado le interesa mantener el espejismo de la originalidad porque sobre ella descansa la noción del derecho de autor. La originalidad se vuelve una exigencia desmesurada que no reconoce que a lo largo de la historia las artes se han trasformado por medio de la apropiación de materiales ajenos. La idea de originalidad es una construcción cultural para la especulación. No es casual que uno de los referentes constantes en la obra sea, por consiguiente, Walter Benjamin.

En La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica, Benjamin cuestiona la idea de autenticidad del arte mediante el concepto de “aura”. Benjamín vaticinaba que la reproducción del arte democratizaría su acceso, que original y copia dejarían de establecer jerarquías en tanto que la misma experiencia estética se suscita para el espectador tanto delante de un original como de una reproducción sin la mediación elitista del aura. Pero, ¿la reproducción es una forma de democratización? Lo que Benjamin no consideró es que este proceso no es garantía de nada, que sin educación básica y sin pensamiento crítico son herramientas inocuas. A diferencia de lo que especulaba Benjamin, el arte se ha desacralizado, sí, pero para devenir mercancía. Asimismo, la noción de “genio” creador es central para la figura jurídica del derecho de autor. Para el capitalismo, los derechos de autor tienen obsolescencia programada, no para liberarse sino para seguir generando ganancias. En el contexto del capitalismo avanzado, las obras se vuelven colectivas sólo para que todos puedan especular con ellas. Y además esta colectivización-liberalización (contradictoria) del arte no está exenta de los peores abusos del sistema capitalista. La reproducción de obras en Dafen, por ejemplo, es posible gracias a la explotación laboral contra migrantes.

Este escenario alucinante es el que desarrolla Dafen: dientes falsos y trata de llevar hasta sus últimas consecuencias a lo largo de sus más de cien páginas. Resulta importante destacar el aspecto formal del libro. Se trata de un volumen reducido a la rotundidad del aforismo (un estilo que recuerda a Ulises Carrión) y no propiamente funciona como escritura fragmentaria o microensayo. La técnica es notable: el texto está construido a partir de unidades mínimas de significación y apelación. Un ensayo abierto hacia otras formas de representación además de lo reflexivo, y además, también, de la experimentación convencional (que la hay): lo poético, lo narrativo, lo autorreferencial en el ensayo. Por la naturaleza múltiple de sus referentes, no todos ellos textuales, Dafen: dientes falsos entiende al ensayo como collage, como algo más cercano a las artes visuales que a la escritura. Libro-paradoja: un texto para nada original que, por lo mismo, lo es. Dafen: dientes falsos es una granada incendiaria, una obra con la que hay que discutir largamente.

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Publicado en “El Comentario” 344 (07/08/18): http://elcomentario.ucol.mx/numero-344/

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