ARQUEOLOGÍA PERSONAL DE LA RISA

ENTRE UN CAOS

En un ensayo titulado “Bibliotheca Scriptorum Comicorum”, texto perteneciente a La sonrisa de la desilusión (Tumbona, 2011), Guillermo Espinosa Estrada ya exponía su interés por emular al escritor argentino Macedonio Fernández en el desarrollo de un sistema que le permitiera elaborar una investigación exhaustiva que, a la vez, pudiera ser un proyecto potencialmente infinito. En ese texto, Guillermo Espinosa Estrada declaraba ya entonces su simpatía por el detalle obsesivo, por la reiteración neurótica, el examen de un aspecto insistente y omnipresente; se inclinaba por cierta incontención asociativa (aun por sobre la mera acumulación), alrededor de un eje temático incesante, inagotable. Algo similar a lo que, a partir de recortes y fragmentos, el pensador alemán Walter Benjamin escribió (o acaso sea mejor decir ¿compiló?, ¿reconstruyó?, ¿desenterró?, ¿rescató?, ¿desordenó?) sobre la relación entre economía y cultura en el París decimonónico con su célebre Libro de los Pasajes.

Entre un caos de ruinas apenas visibles (Antílope, 2017) es producto de aquella idea inicial y se propone seguir el mismo procedimiento estructural. En este libro laberinto (libro red, libro rompecabezas,), el autor pone en práctica un repertorio ambicioso de recursos estéticos para el desarrollo de un texto múltiple, mismo que opera, a la vez, como una historia cultural de la risa, un retrato biográfico de cuatro intelectuales alemanes perseguidos o marginados en el contexto del nazismo (Ernst Robert Curtius, Werner Jaeger, Erich Auerbach y Walter Benjamin), una bitácora de investigación documental que intenta rastrear la escurridiza figura de Gelos (deidad griega de la risa) y su relación con la cultura espartana a través de la obra histórica de Plutarco, una galería de citas textuales y reflexiones sintéticas sobre la risa y, por último, la historia personal de una amistad intelectual de juventud teñida de melancolía.

La idea no es nueva (aunque en otra dirección, Farabeuf de Salvador Elizondo, por ejemplo, sigue el mismo principio teórico-estético que hace funcionar a esta novela como una suerte de máquina de movimiento continuo pero de orden textual), pero el riesgo formal no es poco. Al estar escrito de modo fragmentario, se construye pregresivamente la expectativa de que, al final, todas las líneas asociativas del volumen desembocarán en una conclusión coherente. Esto no sucede de forma explícita u obvia y no creo que sea una deficiencia, porque esta apertura y ambigüedad invita a completar los vínculos que, aunque lejanos, no son inexistentes. Eso no quiere decir que no pueda decepcionar lectores habituados a que el texto (en particular el texto ensayístico) concluya (con/en) algo. ¿Cuál es la relación entre la cultura grecolatina y los intelectuales europeos del siglo XX? ¿Qué tiene que ver la arqueología documental de la obsesión por el dios Gelos y la historia de Camila, cuya amistad es reconstruida a partir de recuerdos de juventud? Cuestiones válidas que el texto no responde porque su propósito no es establecer respuestas sino plantear preguntas y suscitar la relectura atenta, cómplice.

El propio libro, como su objeto de obstinación, como la materia de su nostalgia, es, en sí mismo, un caos de ruinas apenas visibles. Es la representación múltiple de una idea, de la búsqueda por un origen acaso inexistente, un sentido trascendental que quizá sólo sirva como contraseña para acceder a una suerte de origen mítico que se reitera en los intereses de la voz ensayística, pero también en su contexto vivencial, y en el drama histórico de los intelectuales alemanes que insistieron en recuperar la historia cultural de Europa como antídoto contra la barbarie que se cernía sobre el viejo continente.

No quisiera dejar de señalar el timbre que ha dejado como herencia este libro. Entre un caos de ruinas apenas visibles ha posibilitado el que leamos al ensayo actual en su justa y infravalorada dimensión emotiva. Un respiro necesario para un género que a veces adolece de ser demasiado prototípicamente cerebral o intelectual. Un tipo de texto al que nos aproximamos con la idea preconcebida de que la obra es el resultado de una investigación documental rigurosa que nos excluye, como lectores, de los intersticios, del tras bambalinas de su creación, de sus procesos compositivos al presentarse como una obra acabada. Este libro es a la vez proceso y producto: borrador, work in progress y versión final. Un libro inconexo y aleatorio, vibrante e incontenible. Un espacio experimental abierto a la inconclusión deliberada. Una vindicación del ensayo como lugar para que la erudición, la pasión documental, la memoria y las emociones confluyan libremente.

No parece que Guillermo Espinosa Estrada haya intentado desbordar o destruir un género literario. Parece haberse propuesto inaugurar un modelo de dispositivo literario. Ese invento, esa máquina inaudita, al parecer funciona.

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Publicado en “El Comentario” 346 (21/08/18): https://elcomentario.ucol.mx/numero-346/

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