LEGADO DE MICHEL FOUCAULT

foucault

A principios de este año se anunció la publicación de un inédito de Michael Foucault (Poitiers, 1926-París, 1984): el cuarto volumen de su Historia de la sexualidad. Las confesiones de la carne. La trascendencia de esta edición, tras más de treinta años de la muerte del filósofo, no es poca. Desconozco si el proyecto ya está en marcha, pero traducir ese texto a nuestro idioma es imperioso. Foucault es probablemente uno de los filósofos más importantes para este siglo que apenas despunta. ¿En qué radica nuestra fascinación por su obra y su pensamiento?

Desde sus inicios, Foucault fue un historiador con sólidas ideas filosóficas en sus textos y mucho interés por la historia de la salud mental y corporal. Historia de la locura en la época clásica (1961) y Nacimiento de la clínica (1963) son obras representativas de esta etapa. Ambos textos son muestra de una vocación infatigable por encontrar en los archivos de las viejas instituciones los detalles que revelaban más sobre su función social de lo que nos imaginábamos. Foucault habilitó su estudio como posibilidad hermenéutica para entender la sociedad. Inauguró un campo para el pensamiento y poco a poco fue sofisticando las herramientas conceptuales que hoy nos permiten entender a las sociedades a partir de la implementación de una gran diversidad de dispositivos, generalmente empleados para la gestión y el disciplinamiento de los sujetos.

Foucault obraba como un historiador pero era, sobre todo, un pensador riguroso. Una etapa intermedia, especialmente ardua (creo yo, desaconsejable para quien apenas se adentra en sus ideas) es la que conforman libros como Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas (1966) o Arqueología del saber (1969). En ambos textos podemos ver el interés del filósofo en cómo es que se configuran los saberes y las estructuras discursivas que posibilitan esos saberes (hay que recordar que en Foucault el saber es un conjunto de conocimientos especializados ubicados y ubicables en una época determinada, es decir, criterios paradigmáticos de verdad). Dos libros que dialogaban con las categorías de la tradición filosófica de forma seria, propositiva, arriesgada y profunda.

No obstante, el estrellato académico vino acaso con la publicación de Vigilar y castigar (1975). Foucault desarrolló un examen exhaustivo de los sistemas de las prisiones que lo llevaron a elaborar una metáfora brillante y aterradora: la figura del panóptico. Se trata del sistema de vigilancia y regulación social más eficaz jamás construido. Ubicado en el centro de una cárcel circular, el dispositivo, como una torre, permitía vigilar y disciplinar a los presos sin que estos se dieran cuenta aun sabiendo que son todo el tiempo vigilados. Llegado el momento, los reclusos autorregulan su comportamiento de tal modo que ya no es necesario mantener el escrutinio permanente sino solo su ilusión o su amenaza. El panóptico es el esquema de la sociedad. Y es también el modelo del internet actual. No el Gran Hermano orwelliano sino el panóptico. Y Foucault fue el verdadero profeta de nuestra realidad digital.

Pensar el poder en función del disciplinamiento de los cuerpos lo llevó hacia la redacción de su Historia de la sexualidad. En el primer tomo, quizá el más célebre (La voluntad de saber), propone la noción de biopolítica (y de biopoder) como categoría esencial para describir la contemporaneidad global. Permite comprender que la gestión del cuerpo social a partir de la regulación de la natalidad, la salud, la vivienda, la esperanza de vida, etcétera, es esencial para el mantenimiento del poder político y económico. Foucault sostiene que no es necesario controlar lo que se dice, lo que se piensa, lo que se publica, lo que se cree o se profesa. Para controlar a la sociedad, concluye, hay que controlar su sexualidad. Toda una línea de pensamiento se ha desarrollado desde este conjunto de ideas. Pensadores como Giorgio Agamben o Roberto Espósito (los llamados pensadores biopolíticos) y Achille Mbmebe o Sayak Valencia (analistas de la necropolítica en los márgenes de Occidente) han llevado el pensamiento de Foucault hacia nuevos y más radicales terrenos.

El último Foucault probablemente sea el más complejo y enigmático. Como producto de sus investigaciones y cursos en el prestigioso Collège de France, el pensador viró hacia el pasado grecolatino en una suerte de análisis histórico de la idea del “conocimiento de sí” y del “cuidado de sí” y de la historia de la subjetividad. Esta etapa sigue siendo poco conocida y leída y representa un desafío para sus lectores y estudiosos. Nos tardamos siglos en entender a los grandes filósofos antiguos. ¿Cuánto nos tomará comprender cabalmente a Foucault?

En un tiempo de gran apertura sexual pero enorme violencia normalizada y una desigualdad brutal, las ideas de Foucault parecen adquirir cada vez más relevancia. El siglo XXI, un siglo que se avizora foucaultiano.

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