MATERIA OSCURA

principia

Uno de los mayores misterios más recientes para la astronomía es lo que se conoce como la materia oscura y la energía oscura. Ambas componen casi todo lo que existe en el universo y, sin embargo, los científicos todavía no saben muy bien qué es. Este motivo es retomado por la poeta Elisa Díaz Castelo (Ciudad de México, 1986) en Principia (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2018) para establecer una poderosa metáfora: una de las fuerzas y de los componentes más grandes del universo sigue siendo un enigma, y parece no estar del todo presente a pesar de que sabemos o creemos saber que ahí está. Lo que está y a la vez no está le sirve a la poeta para indagar en lo que no es, lo que no fue, lo que ha sido olvidado, lo que ha desaparecido, pero permanece; lo oculto, lo cifrado, lo indefinido. La materia oscura acaso como aquello que llamamos amor. Lo que está ahí pero no se ve, ¿existe? En Principia, las fuerzas del universo son punto de partida para reflexionar sobre la existencia misma.

Todo el libro está brillantemente atravesado por cruces entre lo emocional y lo poético con el saber científico. Componentes antagónicos y muchas veces complementarios entre sí, que conforman un entramado dialógico, un universo poético personal en el que la diversidad referencial, formal y textual compone distintas geografías.

El volumen, articulado como un díptico, continuamente ironiza sobre las formas habituales de los tratados científicos y subvierte sus códigos para abrirle la brecha a los artificios del lenguaje que se las apropia y las convierte revelación poética. Este saqueo del vocabulario científico es un acto de resignificación. Por ejemplo, en “Escoliosis” (el texto con el que abre el libro), el cuerpo se presenta como dolor entero, una llaga interna e íntegra, y la enfermedad es una metáfora de la angustia por la propia existencia. La revolución del cuerpo se da necesariamente por la vía armada, es decir, mediante el dolor.

En otros textos, hay tránsitos interesantes entre las formas convencionales de la lírica religiosa con las ciencias. En “Credo”, el poema se vierte como letanía, la poesía se concibe como un arte de implorar, de convocar a las fuerzas superiores que son reales en el universo lírico del poema. La mezcla de paradigmas de verdad sólo es posible en el poema, síntesis de lo que histórica, ideológica y filosóficamente es y ha sido muchas veces irreconciliable.

Con frecuencia, los poemas conjuran lo cotidiano como experiencia última, como una forma de creer en lo metafísico a partir de lo sensible. Los textos suelen jugar con la noción de experiencia (principio empírico de las ciencias experimentales) y las nociones de verdades trascendentales vía los sentidos, las emociones y el lenguaje. La palabra como un acto de fe. El lenguaje científico como el posible idioma de las emociones. Una lengua cifrada, acaso incomprensible. El lenguaje científico, quizá el apropiado para describir con precisión el dolor.

Existe una reiterada obsesión por los lugares y momentos en los que la ciencia, la religión, la experiencia, el lenguaje y lo corpóreo se cruzan, se determinan o se modifican entre sí. La propuesta permite desarrollos notables de, por ejemplo, la recuperación de los instructivos como género poético (“Instrucciones para realizar un experimento”), el sol y su colapso potencial como signo de la finitud y de la muerte (“Apocalipsis”), el cuerpo como expresión material, orgánica, de otro desconocido y microscópico, casi ajeno debido a nuestra habitual desconexión con nuestra dimensión corporal (“Esto otro que también me habita [y no es el alma o no necesariamente]”), el tiempo como símbolo ominoso de la eternidad (“La cuarta dimensión”), reflexiones sobre la palabra que en el fondo son reflexiones también sobre la poesía (“Primogénita”), el fracaso del amor (o el amor como un fracaso en sí) y la intensidad de su caída, su desplome inesperado, la cronología del desastre a partir de la descripción (o la documentación) de la intensidad de un dolor sin límites visibles en “Escala de Richter”; la velocidad de la luz como magnitud inconcebible, las estrellas como un espectáculo ya extinto pero visible, la tragedia de nuestros muertos como estrellas de una constelación personal y lo que ya no existe pero tampoco se va: la paradoja de la presencia-ausencia en “Sobre la luz que no vemos y otras formas de desaparecer”.

Principia, de Elisa Díaz Castelo recupera y rehabilita el habla de la ciencia, lo transforma y lo disloca para formular preguntas cifradas. ¿Qué es el dolor? ¿El sufrimiento? ¿La muerte? ¿El abandono? ¿La soledad? Cuestiones universales vehiculadas por una voz lírica potente, singular. Un libro que habla en pocas páginas de la pérdida, de la nostalgia, de la desaparición, de la fragilidad, de la memoria y de las contradicciones del espíritu.

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